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Eugene Gogol

Published on November 2016 | Categories: Documents | Downloads: 17 | Comments: 0
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Eugene Gogol

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Eugene Gogol

Apuntes sobre feminismo y marxismo:
¿Es posible un nuevo comienzo?

Tres décadas atrás, un ensayo escrito por Heidi Hartman, “El matrimonio infeliz del
marxismo y el feminismo: hacia una unión más avanzada” (“The Unhappy Marriage of
Marxism and Feminism: Toward a more Progressive Union” Capital and Class,
Summer 1979 vol. no. 2 1-33 ) formó parte de un debate en curso en torno a la relación
entre la liberación femenina y las distintas formas de marxismo. Este debate surgió en
los Estados Unidos a partir de la experiencia de las mujeres en la lucha por los Derechos
Civiles, la Nueva Izquierda y los movimientos de liberación femenina de las décadas del
sesenta y los setenta. Una serie de mujeres pensadoras y grupos se enfrentaban a las
relaciones en las condiciones del capitalismo y el patriarcado, se preguntaban si el
marxismo les podía proporcionar una alternativa viable así como las posibilidades de
una sociedad de liberación. Por varias razones –entre ellas la falta de distinción entre los
puntos de vista emancipadores de Marx y lo sucedido con el marxismo post-Marx, así
como la vuelta al movimiento de liberación femenina, al cual se había hecho de un
enfoque más académico en los estudios feministas– el debate no había ido más adelante.
Por último, el colapso de los regímenes capitalistas de estado, autoproclamados
comunistas o marxistas, le pusieron fin a la mayor parte de la discusión.
Hoy en día, con un capitalismo aun más arraigado a nivel mundial, con una continua
violación de los derechos de la mujer no sólo en la educación, los derechos
reproductivos y el empleo, sino donde se llegan a cometer terribles crímenes de
feminicidio que sirven de patrón de violaciones masivas en muchos países de todo el
mundo, se convierte en una necesidad urgente la elaboración de nuevas vías de
liberación. ¿Puede haber un nuevo comienzo en el debate sobre el feminismo y puede el
marxismo ayudar a abrir un espacio de emancipación? ¿Qué se necesitaría para echar a
andar un debate sobre un terreno radical y liberador?
América Latina es una región en la que se podría sostener un diálogo de este tipo con la
posibilidad de producir resultados valiosos. Los movimientos sociales y las revueltas de
las últimas dos décadas han cambiado drásticamente a América Latina. Las cuestiones
relativas al neo-liberalismo, al capitalismo y al socialismo han sido puestas en el orden
del día. Ha habido presencia, acción y pensamiento entre las mujeres dentro de los
movimientos sociales –entre las Madres de Plaza de Mayo en Argentina, las mujeres
zapatistas en Chiapas, las mujeres indígenas en Bolivia, las mujeres jóvenes activistas
en Venezuela, y en una serie de otros lugares más– lo cual ha sido crucial para el
nacimiento de este nuevo momento en el continente. La lucha contra el capitalismo
neoliberal ha puesto al socialismo en la agenda, de igual forma que ha involucrado a un
gran número de activistas mujeres y pensadores. En este sentido, América Latina es un
espacio importante para iniciar nuevamente el diálogo en lo referido a la relación entre
el feminismo y el marxismo.

¿Cómo empezar de nuevo? Me gustaría sugerir dos temas para explorar en ese diálogo:
(1) La vuelta del marxismo de Marx con especial atención a su concepto de
hombre/mujer, (2) La necesidad de la crítica del marxismo post Marx, a partir de su más
cercano colaborador Engels, autor de El origen de la familia, la propiedad privada y el
Estado.
(Estoy en deuda con el trabajo de Raya Dunayevskaya, en particular con su Rosa
Luxemburgo, la liberación femenina y la filosofía marxista de la revolución y su
Liberación femenina y dialéctica de la Revolución, puntos importantes de partida para
la discusión de estos temas, y con sus trabajos para volver a conectar el feminismo
moderno con el marxismo de Marx.)

I.
Un concepto sobre la relación hombre/mujer en los Manuscritos económicofilosóficos de 1844 de Marx:
una dimensión del nuevo humanismo de Marx

Cuando Marx escribió sus Manuscritos económico-filosóficos de 1844, estaba
rompiendo por completo con la sociedad burguesa y creando “un nuevo continente de
pensamiento y de la revolución”. Al hacerlo, también se estaba separando fuertemente
de otros radicales. Así, en el ensayo "La propiedad privada y Comunismo", criticaba lo
que consideraba como "comunismo vulgar", cuyo primer llamado a la eliminación de la
propiedad privada, Marx lo veía como el establecimiento de "la propiedad privada
universal." En oposición a tal concepto limitado, Marx escribió que “este movimiento
de oponer a la propiedad privada la propiedad general en la forma animal que quiere
oponer al matrimonio (que por lo demás es una forma de la propiedad privada
exclusiva) la comunidad de las mujeres, en que la mujer se convierte en propiedad
comunal y común. Puede decirse que esta idea de la comunidad de mujeres es el secreto
a voces de este comunismo todavía totalmente grosero e irreflexivo.
[http://www.marxists.org/espanol/me/1840s/manuscritos/man3.htm # 3-2]
En lugar del análisis de Marx sobre las mujeres que sólo era un modo de crítica al
estrecho enfoque del comunismo sobre las relaciones de propiedad, procedió entonces a
analizar la relación hombre/mujer como medida del “nivel de todo el desarrollo” de la
humanidad:
“En la relación con la mujer, como presa y servidora de la lujuria comunitaria, se
expresa la infinita degradación en la que el hombre existe para si mismo, pues el secreto
de esta relación tiene su expresión inequívoca, decisiva, manifiesta, revelada, en la
relación del hombre con la mujer y en la forma de concebirla inmediata y natural
relación genérica. La relación inmediata, natural y necesaria del hombre con el hombre,
es la relación del hombre con la mujer. En esta relación natural de los géneros, la

relación del hombre con la naturaleza es inmediatamente su relación con el hombre, del
mismo modo que la relación con el hombre es inmediatamente su relación con la
naturaleza, su propia determinación natural. En esta relación se evidencia, pues, de
manera sensible, reducida a un hecho visible, en qué medida la esencia humana se ha
convertido para el hombre en naturaleza o en qué medida la naturaleza se ha convertido
en esencia humana del hombre. Con esta relación se puede juzgar él grado de cultura del
hombre en su totalidad. Del carácter de esta relación se deduce la medida en que el
hombre se ha convertido en ser genérico, en hombre, y se ha comprendido como tal; la
relación del hombre con la mujer es la relación más natural del hombre con el hombre.
En ella se muestra en qué medida la conducta natural del hombre se ha hecho humana o
en qué medida su naturaleza humana se ha hecho para él naturaleza. Se muestra también
en esta relación la extensión en que la necesidad del hombre se ha hecho necesidad
humana, en qué extensión el otro hombre en cuanto hombre se ha convertido para él en
necesidad; en qué medida él, en su más individual existencia, es, al mismo tiempo, ser
colectivo.”
Aquí Marx –conocido como supuestamente interesado sólo en las relaciones de clase–
escribe sobre la relación hombre/mujer como medida del desarrollo de una sociedad. Ni
el control por la sociedad burguesa de la mujer como propiedad del hombre, ni la
reducción por el comunismo vulgar de las relaciones humanas a la propiedad privada
universal, puede ser la medida de lo que serían en una sociedad futura, las relaciones
hombre/mujer. Más bien “relación inmediata, natural y necesaria” de una persona a otra
se encuentra en “la relación del hombre con la mujer”.
Lejos de ser la pertenencia a una clase sólo lo determinado, Marx debatía por nuevas
relaciones humanas en todas las esferas de la sociedad. La opresión de clase envenena
todas las relaciones humanas, pero su eliminación sólo se podría lograr cuando la
transformación revolucionaria, que abarca toda la gama de relaciones humanas, incluya
las relaciones hombre/mujer.
Este punto de vista no fue el único del Marx joven de los Manuscritos de 1844. Aquí no
sólo referimos el extenso material en El Capital sobre la mujer en el trabajo de la
fábrica, (la relación de las mujeres como trabajadoras en la producción capitalista), sino
sus puntos de vista sobre las mujeres y el cambio revolucionario. Así, se le puede
encontrar anotando sobre la presencia de la señora Harriet Law al ser elegida para el
Consejo General de la Primera Internacional, así como su análisis cuando señala que
hubo un movimiento para mantener separadas a las diferentes ramas de mujeres dentro
de la Primera Internacional en Estados Unidos.
Además, su visión del concepto hombre/mujer no se extiende solo a la sociedad
burguesa, sino a las sociedades indígenas, que en algunos sentidos permitió a las
mujeres una mayor libertad. Al extractar y comentar La sociedad antigua de Lewis
Henry Morgan, en sus Cuadernos etnológicos, Marx señaló que en la sociedad iroquesa,
“A las mujeres les permitían expresar sus deseos y opiniones por medio de una oradora
de su propia selección." [Marx, Cuadernos etnológicos.] Citado por R. Dunayevskaya,
en: Rosa Luxemburgo, la liberación femenina y la filosofía marxista de la revolución. p.
356 y nota al pie en la 357].

Más aun, como demostraremos más adelante, se pueden encontrar conceptos
importantes en la crítica de Marx al patriarcado, incluida la familia patriarcal, que
podrían servir como punto de partida, en una crítica feminista de la familia moderna.
No afirmamos que Marx fuese un feminista. Lo que estamos diciendo a la vez es que,
tan profundo es el punto de vista de Marx sobre la necesidad de la destrucción de lo
viejo –la eliminación de la “la suciedad de los siglos” – como lo es su sensibilidad sobre
los comienzos revolucionarios de las masas en movimiento desde abajo, como su
“nuevo humanismo” que lleva en sí hilos cruciales para el enriquecimiento de un
feminismo socialista que pueda desafiar al patriarcado y al capitalismo sobre
fundamentos revolucionarios.

II.
Un reto para las feministas socialistas:
La necesidad de la crítica al marxismo post-Marx, a partir de Engels, su más cercano
colaborador, autor de El origen de la familia la propiedad privada y el Estado

No hay duda de que la aparición de El origen de la familia la propiedad privada y el
Estado de Federico Engels (1884), escrito “a la luz de las investigaciones de Lewis H.
Morgan,” marcó un momento importante en la búsqueda por ofrecer un concepto
histórico de la subyugación de la mujer, surgido, según la idea de Engels, en la
transición de la sociedad del matriarcado a la del patriarcado.
Marx, con anterioridad había tomado amplios pasajes y hecho comentarios sobre la
Sociedad antigua de Morgan, unas 80 páginas, y había llamado la atención de Engels
hacia esta obra. Engels, en su primer prefacio a El origen de la familia la propiedad
privada y el Estado había advertido los fragmentos y los comentarios de Marx,
indicando que había reproducido las notas críticas de Marx en su obra, y que, de hecho,
consideraba El origen… como “la ejecución de un testamento” en relación con Marx.
Aquí se encuentran las raíces de la hipótesis de que Engels y Marx tuvieron una misma
relación hacia el trabajo de Morgan, y que ambos tenían la misma visión sobre el
concepto hombre/mujer. El hecho está en que Engels reprodujo sólo unos pocos
párrafos de las notas de Marx.
La historia de El origen… de Engels, en general nos muestra, en primer lugar, que los
marxistas, feministas, incluyendo a las feministas socialistas, han aceptado el “punto de
vista ortodoxo” que establece que Marx y Engels tenían la misma posición, y que El
origen fue en realidad la declaración del marxismo sobre la cuestión de la mujer. El
marxólogo Hal Draper proclamó que El origen de la familia… “debe ser considerada un
trabajo conjunto de ambos.” Por lo tanto, en lugar de hurgar en los escritos de Marx
como punto crucial de partida para el examen de la relación entre el feminismo y el

marxismo, tales declaraciones sólo enturbian las aguas, y El origen de Engels fue
aceptado como el punto de vista marxista sobre la cuestión de la mujer.
La revolucionaria marxista-humanista Raya Dunayevskaya, criticó fuertemente esta
tendencia de hacer que las opiniones de Marx y Engels sobre el hombre/mujer fuesen
sinónimas, mientras sostenía que ello era precisamente “la trampa que acecha” [Rosa
Luxemburgo, la liberación femenina…p. 212] a las feministas socialistas. Esa
conclusión no sólo despreció el punto de partida creativo de Marx, de izquierda, sobre la
relación hombre/mujer en sus Manuscritos de 1844 y otros lugares, sino que aceptó al
“Engelsianismo” como la base para el análisis de la supuesta relación del feminismo y
el socialismo. Veamos cómo Dunayevskaya expresa el problema:
1). “La gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo”, que Engels atribuye
a una transición del matriarcado (o al menos, de la ascendencia matrilineal) al
patriarcado, no es una expresión de Marx. Marx rechazó el biologismo, fuese de
Morgan, de Darwin o de aquellos marxistas de quienes Marx consideró necesario
separarse…”
2). “La gran derrota histórica en todo el mundo” se relaciona, a su vez, con la llamada
“división primordial del trabajo entre los sexos”, que puede aplazar convenientemente la
libertad hasta el milenio. Una vez más, este no es concepto de Marx; aun cuando Marx
dijo que la primera división del trabajo fue sexual (1845, en La ideología alemana, que
escribieron en conjunto Engels y él), esto no fue percibido como personal, sino como
social. Marx desarrolló entonces el concepto de que la división más grave en la historia
de la humanidad fue entre el campo y la ciudad. Terminó mostrando que la división
fundamental entre todas, la que caracterizó todas las sociedades clasistas, ninguna más
que el capitalismo, es la división entre el trabajo intelectual y el manual.” (Luxemburgo,
pág. 214-215).
Esto no quiere decir que las cuestiones sobre las relaciones sexuales, las formas de
matrimonio y la familia no eran y no son cruciales. Dunayevskaya señaló que Marx se
opuso al patriarcado y pidió la abolición de la familia patriarcal. Ella citaba a Marx: “La
familia moderna contiene en embrión no sólo la esclavitud (servitus), sino también la
servidumbre, ya que desde el principio mismo está conectada con el servicio agrícola.
Contiene en sí misma, en miniatura, todos los antagonismos que después se desarrollan
en gran escala dentro de la sociedad y su estado.” Sin embargo, mostró que para Marx
“todo el antagonismo” se inició en la vida comunal con los “de rango” y conducía a la
división entre el jefe y las masas, las divisiones entre clases en embrión, ‘en
miniatura’.” (Luxemburgo, p. 216. [Esta cita probablemente sea de La ideología
alemana.]
El punto de vista de Engels sobre la relación hombre/mujer se fija en la familia,
considerando que “la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo” en el
paso del matriarcado al patriarcado fue, de ese modo, una actitud unilateral. Por el
contrario, Dunayevskaya sostuvo que la actitud de Marx era mucho más multilateral:
“Marx, por el contrario, mostró que los elementos de la opresión en general, y de la
opresión de la mujer en particular, surgieron de dentro del comunismo primitivo y no
sólo relacionados con el cambio del “matriarcado”, sino comenzando con el
establecimiento de rangos –relación del jefe con la masa– y los intereses económicos
que lo acompañaron.” (Luxemburgo, p. 217)

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*

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Hoy en día, por supuesto, vivimos en una época y un mundo muy diferentes al de
Marx. La liberación femenina no sólo se ha convertido en una idea cuyo tiempo le ha
llegado, sino en un movimiento a nivel mundial, que incluye, por supuesto, a América
Latina. Y, sin embargo, íbamos a pasar por alto el “nuevo humanismo" de Marx en la
elaboración, nuevamente, de la relación entre el feminismo y el socialismo, que sería a
nuestra cuenta y riesgo. Todavía vivimos en el mundo del capitalismo, y ha sido el
profundo análisis de Marx, de su lógica de desarrollo y destrucción, su discernimiento
sobre las “nuevas pasiones y las fuerzas” que surgen en el seno de la sociedad, el que en
la actualidad nos puede ayudar para la superación de esta formación social clasista,
racista, sexista. Sus conceptos multilaterales de vías de desarrollo de la humanidad, y de
los diversos sujetos humanos de la transformación social, son los que nos pueden servir
también en la América Latina de hoy.
El gran pensador marxista y activista, José Carlos Mariátegui, quien con gran
profundidad excavó en la realidad peruana el pasado siglo, para distinguir al sujeto
revolucionario –las masas indígenas– lo hizo con la ayuda de las ideas de Marx, y de su
método. Él recreó el marxismo de nuevo en el Perú, para su tiempo. Hoy en día, en mi
opinión, las mujeres liberacionistas de América Latina, las socialistas feministas,
pueden alzarse hasta ese desafío de su momento y de su tiempo.

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